martes, 27 de marzo de 2012

Un post que no se utilizó para mi columna en Magacín

Antes de poder sentarme a escribir cualquier entrada tenía que vivir este evento cíclico en la vida de todos: cumplir años. Traté de escribir sobre cómo el mejor regalo para San Valentín sería un ‘clichoso mixtape’ hecho por uno mismo para ese ser querido, o hasta para la propia progenitora de uno con éxitos de Marc Anthony pero no pude concebir alguna idea cuerda ya pasada la media página. Necesitaba esa semana extra de transformación, la cachetada novelística que nos da la vida cada vez que cumplimos años, desde que tenemos 15 años y nos denominan a las mujeres las grandes precursoras del futuro del mundo. Pero claro, a mí me dieron algo más concreto: mi primera factura de la luz.
Sin embargo me encargué de celebrar mi cumpleaños como se debe ser, no una ni dos sino 3 veces. Así mismo, 3 veces. Usualmente, y por cuestiones ajenas a mi voluntad me ataca el ‘birthday blues’ fuerte, así que planear varias fiestas sería la manera más fácil de contrarrestar, así como el Cold & Flu para el catarro. Planié varias fiestas de las cuales sólo se dio 1 o 1 y media: una en Pal’Cielo y un house party en casa de mi pana y dj José Bassic. Hice hasta unos flyercitos de lo más mono y que invitaban a celebrar desde el más pequeño hasta el más grande. La celebración en Pal Cielo quedó pautada para el 17 de febrero. El flyer era isnpirado en las invitaciones de cumpleaños que usualmente se usan para las fiestas niños pequeños, en fin, era una convocatoria para todo el que quisiera pasar esa noche era más que bienvenido. Lo raro del asunto es que esa misma semana era San Valentín y mientras mi cena anti-romántica a las 11 de la noche en el famoso restaurante Los Pinos (por su desvelado menú), fue encontrarme con un viejo amigo parte de un corillo de roqueros y skaters que depositaban sudor alrededor del Totem en Viejo San Juan. ¡Qué buenos tiempos y que gran recuerdo! Le comenté a mi amigo de mi fiesta el 17, le dije que me encantaría ver a todo el ‘corillo’ de vuelta, deseando verlos a todos juntos bajo el mismo techo o donde sea hasta en la cuerda floja. Y es que añoraba tanto estar con mis amigos de nuevo que de alguna manera u otra el universo conspiró y me los trajo a toditos el día de la fiesta en Pal Cielo (se llamaron entre ellos pero a mí me gusta poner todo lindo).
Allí estaban todos, un poco más adultos como yo. Riendo de viejas anécdotas como si hubiera pasado una década desde la última vez que nos vimos. Tengo tan lindos recuerdos con ellos que me da con celar esos recuerdos, aunque bien muchos de esos momentos están grabados en una cámara de video que aún guardo con sus cassettes de nombres llamativos como: “Jangueo en el TOTEM”, “Cubanita”, “Casa de POL”, “Show de Punk + Totem”, entre otros.
Esa noche además de tocar en Pal Cielo (como 10 canciones solamente), Magnum (Productor y Dj) puso música toda la noche, porque bueno, yo era cumpleañera y trabajar ese día no es permitible en ningún lenguaje (o por lo menos en los míos).
Además vinieron mis papás desde Humacao (un saludito a má y a pá), vecinos, mi hermano (que solo viene al área metropolitana a perrear en Red Code), mi roommate, mi mejor amiga Moraima, vino Thelma, Jerome, Javier Scalley, Yulie, Natalia, en fin… Vino gente de todos sabores y colores, corillos y lugares (Humacao, Yabucoa y San Juan) para celebrar conmigo los 24. Y bueno ya les conté cual fue mi regalo ese día, o mejor dicho el único (¡ermm errrm!), la factura de la luz, que me ha hecho más consciente, apagando luces a diestra y siniestra y con velitas por toda la casa.

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