viernes, 19 de agosto de 2011

¿Y mi Panadol?

Tengo en la cabeza un peñón de tristeza y amargura. Si sufro más de lo propuesto no me quedará solo vivir unos cuantos años más para completar mi cuota. Necesito un dardo de aspirinas al corazón o una gota de sus ingredientes activos vertidos en el centro de mi cornea. Sentada, en esta metrosexual oficina, sueno con algún día nadar en el mar y contar con la suficiente energía para morder a un tiburón de camino al centro de la tierra, así abastecer el hambre y rogarle al dios de los cristianos que no reviente mi cabeza con la presión del océano para ser testigo, a menos que a mitad del camino me arrepienta, de la muerte del mundo.

A veces me pregunto porque le temo a las arañas y no encuentro explicación. Pero claro, si yo no sé la respuesta porque me la pregunto yo misma. Misma, déjame quieta. Siempre caemos en lo mismo, buscamos las respuestas en nuestro interior. ¿Qué clase de mierda es esa?

Tengo un puñal atravesándome la cabeza en estos instantes. Cierro los ojos y no pasa nada. Gracias mi Bella Genio por engañarme de nuevo.

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