sábado, 21 de marzo de 2009

temporero

Estoy en la prisión, cargando con la palabra hogar sobre la frente. ¿Dónde estoy? Realmente soy o ¿qué? Necesito sentir que las paredes que rodean mi vista son realmente cálidas y conocidas. Las reconozco de algún sueño de esos locos que tengo. Tal vez sufro de un deja-vú permanente, un loop inexplicable. Al final del puente de madera no existe nada. La vista al lago templado es una ilusión. Un retrato más colgado en la pared de mi cueva. Pero el sol, el sol, me quema. Blanco y negro en la imagen enmarcada me recuerda las luces de la ciudad. Cuales han quemado mi cuerpo y llena de cicatrices me han vuelto poco social. Siempre me pasa lo mismo cuando vengo a este lugar, o casi siempre.

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