miércoles, 3 de diciembre de 2008

Los Urban Cowboys del siglo 21.

ghetto pony.



Muchos se acordarán del personaje de Viroldo, sobrino del también personaje ficticio de comedia Maneco, siempre pidiéndole un pony. “Tío Maneco quiero un pony”, decía Viroldo en todos los capítulos donde salía desarrollando un sin numero de conflictos y situaciones dentro de la comedia. Porque al fin y al cabo Viroldo siempre hacía lo que su tío Maneco le encargaba a hacer pero nunca le apremió con el pony que tanto le prometía.

Viroldo era un niño de menos de diez años personificado por un hombre mayor, con movimientos motores torpes y una actitud completamente diferente a los niños de su edad. Claro todo esto ocurría a finales de los noventas y era un programa de comedia que se veía en el canal 2 (Telemundo). Hoy día los niños de diez años, en su colectividad, no ven televisión local (¿pero quién lo hace?), no quieren un pony, ni tampoco juegos electrónicos. No más Play Station 3, no PSP, olvídense de los iPhone. Señoras y señores, madres y padres preocupados por el perfecto regalo para su hijo/a les presento: la caballo-manía (aunque no vivan en establos, no importa los acomodan en las marquesinas de sus casas urbanas).

Ya van cuatro urbanizaciones entre el área este y sur de Puerto Rico que visito y mirando por la ventana de la guagua veo marquesinas con al menos un caballo o dos. Y alrededor de estos animales un colectivo de chamaquitos con recortes pegados a la cabeza con cerquillos y blin-blin poniéndoles una soga en el cuello para montarlos.

A primera instancia parecen están bregando con un auto de carreras y que lo están preparando para una competencia clandestina, pero no. Es un caballo flaco y en su mayoría sin el equipo mandatario (o necesario) para montarlos.

Ya con la soga al cuello del animal estos vaqueros modernos, que viven en casa con acceso controlado, tienen pantallas de diamantes falsos en las orejas, montan bruscamente los lomos de los caballos o yeguas. Niños, jóvenes y adultos son participes de esta nueva actividad del siglo 20.

Tener en las gomas del auto excremento del animal no es algo raro. O abrir el portón de acceso y tener que frenar de momento porque un jinete con tenis Nike, y gorra alusiva al equipo de los Yankees de la ciudad de Nueva York pierden el control por un instante de su penco.

Al parecer son domadores de sangre o simplemente de escuchaban la canción de "montate en mi pony" que cantaba un raperito de 6 años. No pertenecen a ningún club social, ni cruzan pueblos de la Isla en caravana detrás de algún político. Tampoco salen los días de fiestas patronales, porque sus caballos no para ocasiones especiales. Sus caballos y yeguas son para todos los días. Cuando llegan de la escuela, salen del trabajo, para los fines de semana en casa. Para mostrárselos a los amigos como si fuera el nuevo aro de su carro, para pasearlos por toda la urbanización. Algunos inclusive cargan con radios portátiles con el volumen al máximo y reggaeton.

¡Olvídate del paso fino! Esto es paso a lo calle. Aquí no hay pantalones largos ni botitas como las que usaba James Dean en sus películas del lejano oeste. Aquí se usa pantalones a la batata y unas tenis, las de cortar grama no importa.

Hace poco mientras llevaba a mi hermano a casa de unas amistades no pude evitar quedarme con la boca abierta. Tenían un cumpleaños al que sabía que los globos y payasos estarían ausentes. Más no imaginé ver tantos caballos y yeguas en el lugar. Revisé bien las direcciones, mi hermano está bastante grande y esto no es Villa Campestre. Los muchachos en la fiesta recibieron a mi hermano con abrazos, para luego escucharlos, “ven rápido porque esta potra es como una máquina”, decían los jóvenes, (cuando oí esto pensé que se referían a alguna nena perreando en alguna pared, pero no).

Y es que la moda se ha caracterizado por ser parte de las costumbres que marcan una época, área, desde la manera de vestir hasta la manera de actuar. Pero esta moda de vaqueros diurnos y en tenis botó la bola. Si esto es lo que se considera actual, se equivocan los expertos y vamos en retrospección, no más tecnología, no más video juegos avanzados que nos convierten en esclavos del televisor. ¿Será esto una reacción del público joven en Puerto Rico, cansado de las propuestas de recreación que diariamente son expuestos a seguir?

Antes de irme del cumpleaños que mi hermano asistía pude ver como los montaban sin sus sillines, y se acomodaban las gorras y los collares como bien lo hacen cuando van a una fiesta. De seguro algún tipo de grandeza deben sentir cuando montan esos caballos. Total, seguíamos en la urbanización, no embarcarían aventuras entre campos de tierra, corren sobre cemento. Uno a uno, dándose turnos para correr. La adrenalina de tener un animal que no pertenece al lugar, me parece cruel, para ellos es un juguete más, una proeza de su poder sobre la tierra. Claro, porque si el cemento va apoderándose de la tierra bien se apodera de sus animales y los adoptan a la realidad humana. Como si fueran perros domésticos.

Me imagino al pobre potrillo. Le tocó vivir en la ciudad, como los universitarios que salen de sus pueblos del “campo” en busca de nuevas oportunidades, de educación y empleo. Pero al pobre caballo, le tocó vivir en la marquesina de la urbanización.

Cuando alguien me ofrezca pon, preguntaré si es en carro, aunque me vea con cara como si estuviera loca. Por si acaso tengo que traer mis botas y algún sillín.

Y con las navidades próximas que no se te pongan las cejas como Maneco frunciendo las cejas, confundido, cuando tu hijo te pida un pony digo un caballo. Pero bueno es el 2008, ¿qué más se puede esperar?

2 comentarios:

Julio C. dijo...

Wow... Creo que es pura falta de sensibilidad. Tu misma escribes cuando dicen "esta potra es como una máquina". Si es una maquina no siente así que hacen lo que le da la gana con ella. Que lastima que un animal tan noble termine así, en un suburbio...

Anónimo dijo...

haahha he leido esto y me ha dado mucha gracia.. llegue de viaje hace un mes y me encontre con la sorpresa del Boom de los caballos ... hace poco estaba hablandole sobre este mismo tema a mis padres y ahora al leer tu escrito me doy cuenta que no soy la unica que piensa igual!