martes, 11 de noviembre de 2008

me quedé dormida.

todo el día. no salí, no me moví ni para ir al baño, aunque pensándolo mejor no ganas me han dado. no oigo nada. no oigo nada. no oigo nada. y me destapo los oídos que cubiertos con la colcha formaban un eco en mi cabeza de imágenes que no corresponden a mi ser. como si en el mundo paralelo este que vivimos se cruzaron mis recuerdos con las de algún fantasma. en sagrado, bien podría ser las de alguna ex-alumna, o alguna monja. pero no eran imagenes eclesiásticas, eran crudas, rojizas y medias violetas. como un moretón con sangre. me levanto y tengo mil llamadas, piché a la playa en medio de una voluntad que no es mía, estaba amarrada a la cama. con mil cosas en la cabeza, y no oigo nada. porque no hay nadie. de momento cojo el teléfono y la vocecita al otro lado me da una paz rara, media increíble. y me levanto mareada, de momento no oigo nada. y el teléfono no suena más.
este ha sido, hasta ahora, el peor martes feriado de la historia de mi vida, y tu sabes cuanto odio los martes.

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