lunes, 21 de abril de 2008

Darío: núm.1

Nunca había reaccionado así. Sus ojos se encontraron fútilmente con los míos que se aferraban a si mismos y no querían ser cómplices de lo que estaba pasando. No podía correr tampoco decir palabra alguna. "No me mires así, esto fue culpa tuya" dije. Sofi agarró con fuerza el guía y se disponía a llorar, "mierda", pensé. Solamente a nosotros se nos podía ocurrir salir en el carro su novio por pura venganza. Y ahí venía el con sus amigos detrás de nosotros, y Sofi, bueno acababa de frenar sobre un poste. Aunque nada grave había pasado, salía humo del bonete. Sofi bajó rápidamente del auto cuando llegó su novio con un bate y le sacó la cabeza de su cuerpo. Salía sangre mucha sangre, y yo comencé a reírme y me reía mucho. Mi hermana en el suelo y su novio comienza a perseguirme "BEEP, BEEP, BEEP", sonaba la alarma, abro los ojos y estoy lleno de baba debajo de la almohada. Eran las 7 y 15 de la mañana y oía a Sofi llamarme desde la cocina, "Darío no me hagas llegar tarde pendejo, ¡Darío!".
Me miré al espejo mientras lavaba mis dientes. Noté como salía más espuma de mi boca cuando agitaba el cepillo entre mis dientes. La pasta, bueno la pasta sabía a pasta. Frente al ropero no veía nada agradable que ponerme, los sueteres que había comprado mi madre para el comienzo de las clases eran odiosos, ella sabía que no los usaría pero su deber como madre no la dejaba mirarme más de una vez cuando ponía pies en la sala, de solo ver la suela del zapato con los mahones rotos la hacían persignarse en silencio, la había visto mirar al cielo en varias ocasiones cuando Sofi salía con su novio en falda.
Siento un cantazo en la cabeza, era Sofi con su cartera. "Sabes me encantaría que mis sueños se hicieran realidad", le dije mientras cogía mi bulto. "¿De qué tu hablas?",mientras arreglaba su pelo, lleno de mil colores que variaban desde el rubio claro al oscuro, no se mucho de eso pero se parecía a Vivían, una muchacha de mi clase de cálculo que parecía una barbie en crack. "Oye y tu novio, ¿cómo está?". "¿Desde cuando te importa?", preguntó. Me reí con la imagen de su cabeza rebotando contra el poste, "desde que me di cuenta de la distancia entre tu cabeza y tu cuerpo".

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