viernes, 4 de enero de 2008

Jugando a ser grande.

Pero todo es mentira. Todo es etapa, tiempo, respeto, tiempo, etapa, madurez, bla, bla y muchos más blahs. Porque los más viejos se creen dueños, no se acuerdan de cuando eran como yo, como tú, como nosotros. Jóvenes, atentos y dispuestos a cometer error. Porque esta generación quiere dejar de existir para poder vivir. Y entonces los viejo quieren que existamos como bien ellos lo hicieron y lo siguen haciendo. NO tienen esperanza, NO tienen ganas de vivir, NO creen ni en ellos mismos y les importa más lo que les diga el vecino o la voz de una rama social que solo crítica y no deja hablar.
Ahora los jóvenes queremos vivir. Hablar y que se nos escuche, tener por que luchar, creer en nosotros, pero al parecer nada de esto está bien visto. Porque "no sabemos nada y lo creemos saber todo", y así por el estilo nos refutan a los jóvenes estúpideces. Y por ser mas viejo ellos saben. Saben lo de ellos, no lo mío. Y eso no lo entienden ellos y tenemos que nosotros entenderlos a ellos. Porque son padres y ellos saben. Es mierda.
Hace años las cosas eran de cierta manera, un poco más adelante se comenzaron a usar bell-bottoms. Se acabó esa moda, llegaron los Beatles, vino Iron Maiden, llegó Madonna, el de Nirvana se mató, ganó Roselló, primera mujer gobernadora, el anthrax, el 9/11, el Y2K, el wireless, los celulares con cámaras, bacuum-cleaners que te limpian el piso solos (ya mismo nos matan), el Play Station 3, Al-Gore y el incipiente video del calentamiento global (es serio), Napolnariz vuelve a tocar y así sucesivamente.
¿Hace cuanto que en Puerto Rico no se vive de la yuca? Diganselo a los viejos, y enseñelemosles a usar el internet. A conocer Google y Stumble, a escribir rapidito por MSN. Me cago en todo.
No vale la pena coger la adultez con seriedad. Porque se nos olvida lo que fuimos, lo que somos y que de nosotros saldrá lo que viene. El futuro no debe ser incierto y no debe causar miedo. Debemos sentir cada arruga, cada carta del banco no debe dejarnos sin ganas de hacer nada. Si no te gusta tu trabajo renuncia no seas tan huelebicho de llegar a tu casa atormentando a tus hijos con sanganaces. Por que son nuestros padres (por lo menos los de mi generación) los únicos que llegan a la casa astiados. En la época medieval el papá no llegaba encabronado a donde el hijo a descargar cuanto odiaba al jefe por mandarlo a empapelar media oficina, ¿se dan cuenta?, son los de ahora, los de ahora los que empezaron la cadena. Tus viejos. sus viejos, mis viejos.
Ahora no cometamos el mismo error. Más vale dejar desvanecer a la historia la generación del miedo y la mierda. Seamos jóvenes, no escuchemos más. Yo dejé de hacerlo hace mucho tiempo.

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